Ángel de amor (2)

1.- Cuando digo mi niño, mi hombre, mi hijo de pequeño ha sido un niño muy alegre y feliz. Tenía mucha sensibilidad y un gran corazón. No tenía nada suyo, muy desprendido de lo material. Conforme creció, le pesaba la vida. Era como si llevara la vida sobre sus hombros. Cuando estaba mal era como un niño pequeño, asustado.

Cuando estaba bien, un hombre muy sabio.

Yo sé que mi hijo quería vivir. Nadie que esté bien quiere irse. Tan solo dejar de sufrir.

2.- Cuando pierdes a tu hijo no hay palabras para explicarlo. Me quería ir con mi hijo. No podía con ese dolor, pero veía a mi hija… no puedo dejarle este dolor. No se lo merece.

Buscaba personas que hubieran pasado por lo mismo. Pensaba que me estaba volviendo loca. Buscaba libros que me ayudaran…

Se quedan las últimas imágenes, el último abrazo, las últimas palabras se quedan en ti, se repiten una y otra vez.

Se abre una ventana de lo que podría haber hecho. Y si, y si…. :una culpa inmensa.

3.-Cuando digo a la gente le da miedo acercarse. No saben qué decir, y es cierto, porque cualquier palabra te hace daño. Esas palabras que yo había dicho muchas veces.

Un abrazo te da calor humano, protección. Necesitas que te recojan. Que te ayuden a dar el siguiente paso, o a levantar cuantas veces te caigas.

4.- Hay veces que cuando decimos algo solo oímos silencio o ecos, como si estuviéramos gritando en nuestro interior y eso puede resultar muy solitario, pero solo sucede cuando no nos hemos molestado en escuchar de verdad. Eso significa que no estamos listos para escuchar, porque siempre que hablamos suena una voz. Y es el mundo que responde.

Al estar aquí doy mi voz.

Estuvisteis aquí con nosotras… por eso vuestras vidas importan.

Aurora Del Río